martes, 10 de abril de 2018

Ni macetas, ni flores, ni gimnasio, ni mantener la rutina escribiendo un blog... Toda cosa, acción, reacción que suponga una rutina cierta y la cual pueda elegir, acaba por no funcionar conmigo. Por eso hace cuatro años empecé el blog y llevo tres sin escribir nada. 

Pero es mío, ningún ser ficticio descifrador de recursos web le ha dado a suprimir y aquí sigue, intacto, para que en cualquier momento, como este mismo, sienta cierta inspiración y le de a las teclas.

UNO DE ENERO es el día que hemos marcado mi 'amoryconfianza' y yo como el inicio de nuestra aventura, por eso el blog lleva su nombre. Fue en 2014, hace ya más de cuatro años, o hace sólo un poco más de cuatro años. Él era mi inspiración por aquel entonces, y sigue siendo mi compañero de aventuras. La inspiración anda perdida en algún lugar de mi cerebro.

En cuatro años hemos hecho cosas que algunas parejas no llegan a hacer en decenas de años de relación. 

La primera gran aventura, narrada a medias, y que voy a proponerme terminar de contar, fue viajar a India. Habrá quiénes penséis que un viaje a India definido como gran aventura es algo exagerado... y quizás si. Pero cada momento en la vida de uno mismo se define por la intensidad y el efecto que provoque. A nosotros nos dejó huella.

A las dos semanas de llegar de India, empezamos a vivir juntos. Las circunstancias y las ganas de amor que teníamos en aquellos primeros meses de relación, nos llevaron a no querer esperar. 

¿Puede haber una aventura mayor que compartir hogar con tu pareja? 

Sea la relación lo larga que sea. Una casa, con sus paredes, sus quehaceres, sus rutinas... es un acto valiente que creo no valoramos suficiente. Puedes vivirlo o sobrevivirlo. 


Descriptivamente hablando, era un piso de casi setenta metros cuadrados, cerca del centro de Palma (llegábamos los dos al trabajo en 15 minutos paseando), y de construcción nueva. Recogimos muebles de nuestro entorno, y compramos lo que necesitamos y quisimos. 

Sentimentalmente hablando, fue nuestro hogar. Nos quisimos en cada habitación vacía, y llena. Fue nuestros momento de reír y nuestros llantos... y nuestra familia. Sí. Aquel piso fue nuestra familia.

Poco más de un año y medio después de conocernos, mi 'amoryconfianza' y yo nos volvimos a enamorar. La culpa la tuvo el programa 'Vacances en Pau'. Traen a niños refugiados del desierto del Sáhara a pasar los dos meses de verano, julio y agosto. 
Nuestro nuevo amor se llama Bachari y llegó a casa con miedo e ilusión, para rompernos el corazón. Nos trajo alegrías y penas, ilusión, emoción y sacrificio. Es nuestro hijo de verano, al que damos todo el cobijo que podemos y al que siempre llevamos en el alma. Tenía nueve años aquel primer verano, y ya con casi doce vino por tercera vez el pasado año. 
Algún día de motivación y recuerdo, le dedicaré un post a la altura de lo que él, su familia, y su comunidad de refugiados se merece.

2017 supuso para nosotros el año de la superación, el año de darse cuenta que todo pasa, y que la fortuna estará de nuestro lado si hay amor, dedicación y una familia y amigos alrededor a los que dar muchos besos.

Mi 'amoryconfianza' dejo su trabajo tras nueve años, para adentrarse en otro mundo laboral. Satisfecho en sus primeros meses, acabó viajando a Edimburgo para probar suerte en una empresa española que le dio la oportunidad de experimentar su inteligencia, su capacidad de superación y su incansable sed de aprendizaje.  

Nunca olvidaré la primera vez que cogí el autobús en aquellas hermosas calles de Edimburgo, para venirme a casa sin él... fueron dos meses, pero a mi me parecieron dos años. Echando la vista atrás, sé cuánto le quiero, pero sé mucho más cuánto más lo quise mientras estaba lejos de casa. 
Deberíamos también escribir cada uno nuestra historia aquellos días, y así volver a esa emoción cada vez que necesitemos un empujón para seguir adelante. ¿Prometido?

A su vuelta nos esperaba otra sorpresa. Íbamos a disfrutar de unas vacaciones cada uno en casa de sus papis. Dos meses de vuelta al nido familiar para reponer fuerzas, y para darnos cuenta, como decía al principio, que un mueble no es más que un mueble, y un hogar no son más que cuatro paredes. Lo realmente importante es la compañía, las risas, y lo que sientas en cada momento, estés donde estés. 

Ahora, vivimos otra vez juntos, esperamos con ganas que vuelva nuestro corazón saharaui y su hermana pequeña, y hace escasamente 5 días que volvimos de nuestro segundo viaje a India.

La pregunta que me hago justo al terminar de escribir estas letras es por que lo hago... por que cuento a 'la nube' los acontecimientos que me marcan, o aquello que me deja huella... 

Y creo me motiva el recuerdo, la añoranza del pasado y el futuro, cuando tras meses abro otra vez el blog y releo y siento cosas tan distintas que hasta me da la risa. Así que escribo por mi, por escribirme a mi misma lo que me ocurre y aquello que movió mis tripas.


Iglesia Santa María, Cracovia.
A ver si esta vez consigo vencer a la rutina y me dejo caer por mis letras más a menudo, que me relajan, enseñan y hacen olvidar el tiempo, que pasa implacable arrasando con cada momento.

domingo, 24 de abril de 2016

Tilikum

Hace menos de 24h. he visto uno de los documentales que más me ha impactado y erizado la piel, hasta el momento. Tanto que me siento delante del ordenador, un año y medio después de la última vez que lo hice.

Una de las cosas que más claras tengo sobre mí, es que amo a los animales. Adoro ver documentales sobre la sabana africana, sobre el mar, la creación de la Tierra, los polos y sus osos polares... dicho queda, que no es demasiado el tiempo que invierto en ello, muy a pesar del efecto que ejercen sobre mi.

Entre todos esos seres maravillosos, me enamoran las ballenas. 

¿Sabíais que la ballena azul es el animal más grande que existe en nuestra era? Pueden llegar a medir hasta 27m. Caminad por la calle contando 27 pasos y luego mirad hacia atrás. ¡¡Abrumador!!

Y como no, las orcas. Me fascinan, impresionan, me estremece su grandiosidad y belleza. Puede ser que, después de haber visto unas 20 veces la serie de películas 'Free Willy' con 10, 12, 14 años, algo haya quedado en mi de aquella época.

Su protagonista, Keiko, capturada a los 2 años en Islandia, murió en 2003 con 27 años, semi libre. Dos años antes se intentó que volviera a la libertad, pero después de toda una vida relacionandose con los humanos, volvía siempre en busca de barcos y botes de pescadores. La llevaron a una bahía de Noruega donde vivió en semi libertad con sus cuidadores. Todo gracias a la fundación, que crearon entre sus cuidadores, la Warner Bros, aportaciones de millonarios y miles de fans, Free Willy Keiko Fundation.



Como curiosidades, las orcas pueden llegar a medir 9 metros, tienen una esperanza de vida parecida a la del hombre y una parte del cerebro más desarrollada que el resto de cetáceos les permite relacionarse entre ellos como familia, de madres a hijos. Son muy inteligentes, rápidas y cada grupo familiar crea su propio idioma para comunicarse.


Hace menos de 24h. que he visto BLACKFISH


Este documental cuenta la historia del mayor negocio sobre el reino animal que existe, consentido y avalado por millones de personas que van cada año y pisan sus instalaciones. Estoy hablando de Tilikum, una orca macho que lleva 30 años en cautividad, a manos de la cadena de parques temáticos americana Sea World.

En este artículo nos explican varias cosas que esta cadena de parques (creo que unos 10) intenta ocultar para vender sus atracciones como familiares y divertidas.

Lo he podido ver por Netflix y si soys de aquellos que pasan por la vida sin ver más allá de sus narices, o aquellos que con la pena prefieren cerrar los ojos, no hace falta que intentéis darle al play. Es triste, lamentable, sobrecogedor  y muy emotivo, como el hombre lleva al extremo cualquier necesidad de negocio maltratando a seres tan bellos como las orcas. Y es emocionante ver como sobrevive, actúa cada día aún hoy y levanta millones de aplausos de familias ilusionadas por que están viendo una orca.

A Tilikum la capturaron en 1983 en Islandia a los 2 años. Tras un ir y venir de algunos tanques pequeños y varios parques temáticos, malive en SeaWorld Orlando, Florida. Mide unos 7m y pesa 5.600Kg y ha tenido unos 13 hijos, entre ellos Keto, que malvive en el zoológico Loro Parque (Tenerife) y quién mató a su cuidador en 2009.
¿Qué la hace tan 'especial'? 

Su carácter: Tilikum ha matado a dos de sus entrenadoras, Keltie Byrne y Dawn Brancheau y ha participado en numerosos episodios violentos con los cuidadores. 
Su semen: Es masturbado por los entrenadores para inseminar artificialmente a otras orcas, utilizadas a muy temprana edad (a los 7 u 8 años, cuando en la naturaleza no suelen aparearse hasta los 15). 
Su atracción principal: El dinero que se debe reembolsar el dueño de los parques con las miles de visitas que tiene este tipo de ocio el mundo entero.

¿Qué pasaría si nos capturaran delante de nuestra madre a los 3 años, nos encerraran en una habitación con algún que otro compañero al que no caemos nada bien y además tuviéramos que salir una vez al día con una nariz de payaso a saludar a miles de personas que aplauden y gritan emocionados?
Todo esto durante 30 años, utilizándonos como semental y exponiéndonos a heridas, enfermedades y hambre.

Esa ha sido la vida de Tilikum.

Hoy, tiene una fuerte pulmonía. Sus veterinarios y cuidadores intentan curarlo. Pasa días mejor y días peor en una piscina terapéutica.

Mataría por ver a Tilikum; me encantaría ir a Loro Parque y poder admirar la grandiosidad de las 6 orcas que tienen allí. Pero esa no es la manera.

La manera es coger un barco, en Portugal; Noruega; Islandia... o dónde cada uno pueda llegar, y presenciar un espectáculo natural, en vivo y en directo, sin la mano del maldito hombre por en medio. 

Rechazad cualquier forma de especismo o espectáculo con animales, ya sea por entrenamiento, adorno, granja, acuario, zoo, circo... aunque el simple hecho de acercarnos a ellos, lo más bello del mundo, me eriza la piel. Prefiero morir sin tenerlos cerca, que vivir habiendo participado en su maltrato. 

Por Tilikum, que a pesar de la lucha de miles de personas por que acabe sus días en un santuario natural, nunca saldrá de su piscina. Y por los miles de animales en el mundo, desde caballos que tiran carros con turistas perezosos encima, elefantes que suben a templos 20 veces al día, delfines que saludan, bailan y hasta lanzan pelotas para hacernos reír y más y más y más... 


Hagamos que este planeta evolucione y deje por fin de involucionar.





El 7 de enero de 2017, 9 meses después de escribir este post, moría Tilikum. 

La mayoría te recordará por las muertes que causaste, sin pensar en como viviste... El cielo es tuyo, nada libre a la eternidad!!!



martes, 18 de noviembre de 2014

Mandawa

Nuestro 'taxista personal' se llama Deepag, o Depac, que sé yo como se escribe. Es morenito oscuro tirando a negro tizón, va siempre con vaqueros y polos y lleva un reloj que parece de oro en la muñeca. Parece que no pasa hambre, que disfruta en cada punto del camino que nos paramos y sobretodo a mi, me da la sensación de que lleva en su bolsillo todo el dinero que hemos soltado en la oficina de turismo, si no todo, un fajo bastante guapo. 

Cogemos el coche en Nueva Delhi y empezamos a rodar. Recuerdo no tener muy claro a dónde íbamos. Sabía que Toni se había enterado y yo me dejaba llevar. Las carreteras en la 'gran ciudad' son asfaltadas y aunque caóticas pueden parecerse en algo a lo que tenemos aquí. Pero a medida que avanzábamos se hacían más estrechas y al entrar la noche empezábamos a no ver a nadie más circulando. 

Normalmente, los recorridos no son de menos de 4h., así que Deepag se va parando en los chiringuitos que conoce a tomarse un café, fumarse un cigarro y dependiendo de la hora del día, o mejor, siempre, beberse un whisky. 

Llueve, después de 3h. empieza a llover. Se supone que sólo nos queda una hora de camino, ¡qué bien! Pero la lluvia se vuelve más intensa, la carretera más estrecha, no hay nadie en los alrededores y no se ve más allá de un metro del coche. Empiezo a asustarme. Entre risas y no dejar de mirar hacia adelante, pasamos las siguientes horas. Nuestro querido conductor empieza a sorprendernos. Se va quedando dormido. Conduce por en medio de un campo, por un camino de gravilla, con restos de la gran lluvia de hacía un rato y se va quedando dormido por que son las doce de la noche ya... 

Toni me tranquiliza, que no va a pasar nada, que debemos estar a punto de llegar y que como se me ocurre que van a asesinarnos y a traficar con nuestros órganos en el mercado negro. Intenta hablar con Deepag para que salga de su estado de somnolencia y deje de salirse de la carretera. Poco a poco parece que da resultado. 

Cerca de la una de la mañana vemos lo que parece un pueblo y aunque me río, pienso mucho en mi casa y en qué demonios hago yo allí, en India, metida en el coche de un desconocido, después de haber soltado 400€ y alejándonos de lo más parecido a una ciudad que puede haber por allí. Pero por fin respiro. Y sonrío por que por lo menos voy a dormir en una buena cama. Al final del camino llega la recompensa.

Después de siete u ocho horas (260Km.), ni me acuerdo, en un trayecto que debería haber sido de cuatro (en India las distancia son siempre el doble de lo que os puedan decir) llegamos al Hotel. Ni me importa lo bonito que es, sólo quiero entrar y sentirme a salvo. Nos cogen la mochila, nos acompañan a la habitación y flipamos. Literalmente. 

La habitación es un mosaico al estilo las mil y una noches. Con una cama de matrimonio y un altillo con un colchón. Las paredes forradas de un mosaico de cristales de colorines... Toni está que no da crédito. Y miramos hacia la puerta y el chico que nos ha traído las mochilas sigue ahí, esperando. Gracias a que no hablamos bien inglés no entendemos nada y se va. A los pocos segundos caigo en la cuenta, quería una propina!! Pero la habitación nos tiene anonadados, mejor dicho, tiene a Toni anonadado. A mi, ni fu ni fa, tanto color y tanto cristalito me parece hasta hortera. Yo solo quiero dormir, abrazada a él, tranquila, después del viajecito que hemos pasado es lo que más deseo. 

Esa noche dormimos poco.

Y a la mañana siguiente me doy uno de los mayores sustos de mi vida. Empiezo a escuchar unos gritos, entre cantos y lamentos, de la calle, pero que parecen justo al lado de las ventanas de la habitación. Son dos voces de hombre, que alargan el eco como llorando y lamentando algo en forma de canto... me quedo paralizada, pensando en lo peor y Toni duerme como un tronco y no le quiero despertar. Por favor que pare ya. Por favor que pare ya. Y otra vez, hasta seis o siete veces. 

No recuero que paso luego. Me dormí. Y cuando nos volvimos a despertar y se lo conté todo, me cuenta que en India hay muchos musulmanes y que probablemente estarían rezando. ¡Cuántas veces me dijiste que leyera un poco la historia de India en la guía!




Las adevertencias en la guía sobre Mandawa son muy claras. Los jóvenes son muy inteligentes, saben varios idiomas e intentarán haceros de guías improvisados para llevarse unas rupias como propina. Y eso pasó. Salimos a pasear. Es un pueblo muy pequeñito, con calles anchas llenas de tiendecitas, negocios de alimentación y bebidas y gente por la calle. Es bonito. Todas las casas están muy ornamentadas con pinturas de colores que representan escenas varias, puertas y ventanas grandes de madera...

A los dos minutos de salir del hotel tenemos a dos chicos alrededor nuestra. Saben algo de italiano y español. Hablan perfectamente inglés... nos llevan por las calles con las casas mejor pintadas, nos cuentan la historia del pueblo, y sobretodo nos preguntan a donde vamos, de donde venimos, cuales son nuestros trabajos, cuantos tiempo llevamos allí... yo me mantengo en un segundo plano y Toni se muestra amable y encantado, como es él, educado y correcto siempre. Una de las cosas por las que le quiero tanto. Incluso nos llevan a la casa de uno de ellos, dónde sus padres tejen telas, preciosas, me las habría comprado todas, pero sólo llevo una mochila, nos quedan muchos días de viaje y nos piden por las telas 15€. Así que muy agradecida, acabo comprando un lote de 10 postales con la intención de mandarlas a la familia y amigos por 300RP~3,8€. Al acabar, y forzando un poco a que nos dejen a nuestro aire un rato, uno de ellos saca del bolsillo varias monedas de euro y algún que otro país y nos dice que colecciona monedas de que si podemos darle un euro. Incluso parece asomarse a la cartera de Toni para inspeccionar lo que lleva. Yo intento que sean sólo 50cnt. pero al final le damos el euro. Durante el camino habíamos pensado darles 35, 40RP  para que se las repartieran entre los dos. La bromita del euros hace que se embolsen 80RP.

Y me acordé de un amigo que me dijo: Acabarás peleándote por varias rupias.
Y es que aunque aquí es sólo un euro, en aquel momento me pareció la forma más tonta de engañarnos.

Eso me costó mi primera rabieta.




domingo, 5 de octubre de 2014

Nueva Delhi. O te atrapa o no quieres volver.

Bajando del avión nos encontramos el primer encantador jovencito que adora su país preguntándonos de donde venimos, a donde vamos, que pensamos hacer, que pensamos visitar y todo lo que se le ocurría preguntar. 
Así son. Cotillas, encantadores, dispuestos a ayudarte, la mayoría de veces para que les obsequies con algo, otras en cambio por el simple hecho de haber entablado conversación con alguien que viene de tan lejos.
Me dió la sensación de que es un aeropuerto muy grande y al que llega mucha gente (dicen que hay unos 23 millones de habitantes), y me sentía bien. Hasta que quedaban las últimas maletas y la mía sin llegar. Ya lo tenía claro: No pasa nada, al llegar te compras cuatro pantalones, cuatro prendas de ropa interior y a disfrutar 'this is India!' Aunque sentía una tranquilida bastante relativa. Pero apareció. Viva y coleando, con todas sus correas cerradas y todo lo que tenía que venir en su interior.

Y a la calle. Cuando se abren las puertas delante tuya ya sientes la contaminación. Notas un olor difícil de explicar como amargo y ácido, como pesado, que te llega a la garganta y te hace tragar a ver si se te pasa. Es embriagador. 

Los trabajadores del hotel se ofrecieron a venir a buscarnos, (por un módico precio de 600 rupias~7 euros). Tardamos unos 20 minutos en llegar. Al volver hicimos el mismo trayecto por la mitad de precio.

Primera aventura del día. Una furgoneta, decorada de lo más indi, con dos jovencitos que circulaba a tope, ¡a tope! Entre personas, coches, motos, una señora mayor que sigue viva por que no se que dios quiso ya que el coche pasó a 5 cm. de ella, sin miramientos, sin frenar... la furgoneta de dudosa capacidad para correr tanto y Toni y yo anonadados en su interior. Yo disfrutaba, tenía claro que no íbamos a tener un accidente nada más llegar, habría sido de titular. Toni en cambio mantenía un miedo interior a tanta velocidad y tanto obtáculo que sobrepasar sin chocar. Me lo pasé pipa. 


Llegamos al Hotel Amax Inn, situado en el barrio de Paharganj, uno de los más pobres de Delhi. Entre callejones sin asfaltar, jamás lo habrímos encontrado con un mapa. No hace falta que os llevéis un mapa a Nueva Delhi. Es una ciudad de caos, con calles principales abarrotadas de coches y calles más tranquilas y de gravilla, con cambios de sentidos, giros y sin lógica aparente, todas llenas de gente, perros, niños, puestos ambulantes (carros de madera con la merancía encima), sitios donde comer, tiendas en las que encontrar de todo y mucha gente. Eran las 8 de la mañana y no podíamos entrar en la habitación hasta las 10 (al principio era a las 12 pero charlando conseguimos que cedieran). 
Así que decidimos ir a dar un paseo. Pasear por Paharganj a las 8 de la mañana un lunes después de todo un viaje fue la primera toma de realidad de India. Nos encontramos con la madre con su niño desnudo en brazos pidiendo dinero (siempre a Toni, a las mujeres nos dejan tranquilas), agarrándose a su brazo siguiendo sus pasos, descalza y sucia. Y unas calles más arriba, un coche lleno de niñas con uniforme de colegio, bien peinadas, con zapatos y felices saludándonos con toda la ilusión del mundo por que han visto a dos chicos de muy lejos que les han dicho 'adiós'. '¡This is India!' 


Al llegar a la habitación topé con mi cara en un espejo y vi mi ganglio. Tenía como un flemón en la parte alta de la garganta, enorme, y que iba creciendo por momentos. No me arrepiento de haber cargado la maleta con medicinas. ¡Nunca he tomado tanto inflamatorio y calmante en la vida! Estaba asustada, quería dormir. Me tomé un ibuprofeno y me acosté deseando que al levantarme mi cara volviera a su sitio. Dormimos un poco. Al desperar Toni se fue a dar una vuelta solo. Espero que algún día cuente en su blog, De mochila por cabeza, todo lo que sintió ese ratito que paseó por Nueva Delhi, por que vale la pena. Yo me quede en la cama. Pasé dos días tomando paracetamol e ibuprofeno cada cuatro horas. Cuando me hacían efecto las pastillas estaba bien. Cuando llegaba el momento de tomar la siguiente dosis me dolía y me pinchaba. Pensaba en cómo serían los hospitales y en que pasaría si no bajaba la inflamación.

Por la tarde, decidí salir de mi aletargo y salir a la calle. El primer trayecto en rickshaw, fue una timada. Hicimos un recorrido que se hace en diez minutos andando, para llegar a Connaught Place, la plaza 'rica' de Nueva Delhi. Había humedad, hacía calor, pero fresquito y se puso a llover. Una lluvia intensa que duró 15 minutos y luego otra vez sol. Acabamos en un McDonals. Si. Comí hamburguesa de algo que se parecía al tofu, muy vegetal como de color verde que no me gusto nada.
Aquí puedes encontrar las tiendas más caras. Rolex, Adidas, Nike, Vodafone... todo el comercio caro, y a precios altos. Familias indias al completo bien acicaladas, con zapatos, peinados, bolsos caros y dos o tres niños bien vestiditos se pasean entre tiendas de alto estánding y puestos de 'mercadillo' y personas sin techo.


La cena nos la tomamos en el propio hotel, en su azotea. Algo como una terraza con uralita y vistas a las otras terrazas de los otros edificios colocados sin ton ni son. Hacía fresco. Estábamos solos y el camarero quiso hacerse una foto con nosotros. Y Toni una foto con él. Muy amable y discreto pero curioso. La segunda comida en un día que no me gustó. Un sandwich de pimiento y cebollas crudos, picante a pesar de haber especificado 'not spicy'. El otro plato lo pidió Toni. Verduras rebozadas picantes también. Ni las probé. Sólo el olor me decía: No comas! Empezaba mi dieta fácil. Lo que si me gustó fueron las cervezas. Allí está prohibido beber alcohol, pero en todos los hoteles si pides discretamente una, te la traen a hurtadillas y te la meten en el precio de la habitación. Es marca Kingfisher y nos costaron las dos 600rp ~ 7'7€!! Las pagas a precio de oro, pero bien agusto. Cena, paseo por Nueva Delhi de noche y a dormir. 

Al día siguiente y siguiendo con mi dopaje de ibuprofenos y paracetamoles (acabé con todo lo que llevábamos en 4 días), hicimos turismo. Vimos el Fuerte Rojo, paseamos por otra zona de caos y tráfico, comimos más comida olorosamente mala y acabamos en la estación para conseguir los billetes que teníamos intención de comprar para cubrir algunas de las primeras ciudades que queríamos ver. 


Todo lo que habíamos pensando para nuestra ruta por el norte de India, a partir de este momento cambió. Queríamos coger trenes para ver unas siete ciudades principales. Teníamos dos billetes para el primer trayecto en tren hacia Bikaner, que duraba unas 12h. Pero mi ganglio, que seguía su crecimiento libremente y me tenía bastante asustada (empezaba a dudar de poder pasar toda una noche metida en un vagón de tren sin una almohada cómoda o algo donde apoyarme y poder dormir), una estación de tren que se encargó de hacernos pisar directamente la realidad de India (miles de personas entrando y saliendo de la estación con poca información y gente dispuesta a llevarte a donde ellos quieren, por el precio que ellos quieren), hicieron que todo cambiara. 

Además, pasear por India como occidentales con un chico guapo y con sus brazos llenos de tatuajes no es tarea fácil. Cada tres minutos un indio amable le paraba para saludarle, para mirarle los tatus y decirle 'nice tatu!' y si colaba para hacerse una foto con nosotros. Una vez, si. Dos veces, si. Tres veces, si. A la décima vez empiezas a agobiarte.

Y caímos. 

Después de vivir el momento de mayor agobio del viaje (sólo llevábamos un día y medio en India) volvimos a la famosa y poblada de gente rica Connaught Place para relajarnos tumbaditos en el césped. Ilusos nosotros que pensamos que a los ricos no les interesan los tatus o los españoles con la billetera llena.

En la Guía de India que nos ayudó muchísimo fue de donde sacamos toda la información que necesitas para viajar a este país, leímos en los apartados principales 'consejos' en la parte de Nueva Delhi:
Pero apareció un tipo servicial, joven, que nos contó que era estudiante y que le gustaba mucho viajar, bla bla bla... hasta que nos acompañó a una oficina de turismo para que planearamos nuestro viaje de la mejor forma posible con comodidad y a precios estupendos. 
Le dimos a un tipo llamado Deepag, unas 40.000rp ~ 500€ (250€ cada uno) para que fuera nuestro conductor privado y nos llevara a cubrir toda la ruta del Rajastán hasta Agra, incluyendo la entrada al Taj Mahal (las primeras dos semanas de viaje). A pesar de que parezca una barbaridad, el primer precio que nos ofrecieron fueron 700€ cada uno por un viaje en hoteles de lujo con piscinas, habitaciones de ensueño y desayunos incluidos.... tuve que decirle, con el inglés que humanamente pude: 
- No soy rica en mi país. Tengo un trabajo honrado y me he venido a India con todos mis ahorros que no llegan ni por asomo a la cifra que me está pidiendo. 
Así que nos quedamos con el paquete 'humilde' de 250€. 

Hoy sé que fue un error. Sé que hacer tal desembolso cambió mi viaje, cambió mi visión de la población, mi humor y mi carácter frente a ellos. Sé que hizo que no me involucrara, que me quedará por encima de todo sin querer entrar en su realidad, por que realmente, yo también me quedaba sin dinero y tan lejos de casa no creía poder acceder a más de forma fácil. Pero de todo se aprende y de otra forma, disfrutamos. De lo bueno y lo malo de llevar un chófer. Y al final nos quedó una semana de India real. Esa a la que volveré, sin simpáticos estudiantes que nos embauquen. 

El lunes día 10 de marzo a las siete de la tarde, nuestro día dos en India, cogimos un coche privado con chófer que nos llevaría a Mandawa. Continúa la aventura.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

Palma - Barcelona - Estambul

Dos o tres días antes de partir recuerdo haber estado nerviosa, no solía estar nerviosa nunca, pero hace unos años que mi estómago y mi garganta parece que se ponen de acuerdo para molestarme un poco.

Sábado 8 de marzo, mi madre nos deja en el aeropuerto de Palma después de las despedidas en casa, abrazos, besos... cogemos el primer avión Palma - Barcelona.

En Barcelona pasamos la noche, cinco horitas en unas sillas incomodísimas que se hacen eternas. No estaría mal que por el precio que pagamos por los billetes de avión en general, hagan un poquito más cómodas las instalaciones de los aeropuertos. 


Recuerdo que nos reímos mucho. Intentamos colocarnos de la forma más cómoda, nos quitamos los zapatos, usamos las mochilas para los pies y pusimos la cabeza en el hombro del otro, por turnos. Dormir, entretenerse en algo, dormir, entretenerse en algo, dormir, entretenerse en algo... 




Escribo las primeras líneas del diario. Nada interesante, ha sido un fracaso eso de escribir un diario, con la de cosas que tenía que ver, oír, conocer... como para ponerme a escribir. No encontré ni el tiempo, ni las ganas. 



Así hasta las cinco de la mañana que nos pusimos en marcha. A por el segundo avión. Barcelona - Estambul. 
Comida del vuelo Barcelona - Estambul
Puerta de embarque Aeropuerto de
Estambul
Tres horas y media de vuelo, tranquilas, yo dormí un poco, como en todos los vuelos. Toni se entretuvo como pudo (diario de viaje, ipod, ebook...). Y desayunamos, o más bien, comimos. Es una de las cosas que más me han gustado de los vuelos. Una bandejita bien ordenada, con su mini ensalada, su plato principal, un postre, agua, un panecillo, los cubiertos y el aliño. 

Aterrizamos en Estambul entre las 10 y las 11 de la mañana, con el cambio horario, y vamos directos a por el visado para poder entrar a la ciudad. Es válido durante dos meses y se hace directamente en el aeropuerto, previo pago de 15€, claro. Con el visado en mano, hacia el control de pasaportes. Observo que la gente va más o menos abrigada, en cambio nosotros solo llevamos una sudadera. Observo también mujeres con burka. Me sorprende, me abruma, me cuesta pensar que hoy en día sigan permitiendo que las mujeres esten sometidas de esa forma al hombre, por el motivo que sea, me da igual. Es algo que me horroriza. Claro que hay muchas cosas que me horrorizan y que seguimos permitiendo que ocurran...

Cambiamos unos cuantos euros por liras turcas y a la calle.

Mezquita Azúl
Lugar para limpiarse los pies antes de
entrar a rezar en Santa Sofía

Primero un metro hasta el centro. Luego un tranvía hasta la zona donde queremos ir, cuarenta minutos de viaje, Estambul se me hace enorme. Me gusta lo que veo, me recuerda a Oviedo, edificios de colores oscuros, no muy altos y muy diferentes entre sí. Llegamos a la zona donde están Santa Sofía y la Mezquita Azul. Hace un frío tremendo, pero a pesar de ello intentamos pasear un poco aunque mis manos no aguantan ni diez minutos en su color normal. No encontramos la entrada a Santa Sofía. Por lo visto es hora de rezos y no se puede acceder. El frío hace que tengamos que entrar en una cafetería donde Toni prueba el café turco. Oscuro, con posos en el fondo y fuerte. Yo me tomo una infusión de te verde que no me gusta y acaba bebiéndose él. Ahora sé que todo el viaje será más o menos así. Pedir comida que acabará comiendo él. 

Intentamos comernos un kebab, ¿no se supone que es lo típico de Estambul? Pues bien, entramos en el sitio más caro y más turístico de la calle principal, justo al lado del tranvía. Primer robo, timada, llamemosle error del viaje. Gastamos unos 40 euros en comer, lechugas con salsas moradas, pan fino y trozos de pollo en salsa. ¡¡No nos bastan las liras que cambiamos!! Toni tiene que salir en busca de una oficina de cambio para poder pagar la comida!!!!!! Pero como nos vamos a la India, y allí hay que tener paciencia, nos lo tomamos con humor, pagamos nuestros platos y salimos en busca del refugio del aeropuerto. Mis manos no pueden soportar el frío.

Ahora sí. Buscamos la puerta de embarque que nos llevará a Nueva Delhi. Parece que ahora se embarca por letras. La A y la B primero. La C y la D después. Un aeropuerto con zonas de embarque de lujo. Moquetas en el suelo, puertas divisorias de cristal. 

Está claro que desde que he salido de casa no he dejado de observar y sorprenderme. Y sólo llevo un día fuera.

Cuando subo al avión me entusiasma ver tantos asientos. Una fila central de cuatro butacas, y una fila pegada a cada lado con tres filas de butacas más. Además divididas por zonas. Primera clase, segunda clase, clase normal (no creo que se las conozca así, pero ya me entendéis). ¿Cuántas personas podemos ir dentro del avión? Seguro que cerca de 800... Nos toca una butaca en la primera fila de una de las grandes salas. Bien, puedo estirar las piernas a mi antojo y el plato de comida me llegará primero. Además, del reposabrazos se extiende una pantalla táctil con juegos, películas, mapa del viaje y unas cuantas cosas más para que el viaje sea de lo más ameno. Aunque como diría Toni, para que lo quiero si seguro que me duermo. 

Al pasar un par de horas de vuelo, tranquilo y sin movimiento alguno, empiezo a notar cierto pinchazo en la zona de los ganglios en el cuello detrás de la garganta. No me imagino que mis ganglios van a tomar vida y voy a pasar mis dos primeros días en India asustada y dopandome con Ibuprofeno y paracetamol. 
Fin del vuelo.
Esperando para salir a Nueva Delhi

Me siento como una niña con zapatos nuevos. Todo me gusta, todo me sorprende y me doy cuenta de que por muy sofisticada que piense que soy, hay miles de cosas en el mundo que me sorprenderían y de las cuales no tengo ni idea de que existen. Es como descubrir una cosa nueva cada cinco minutos. Y me doy cuenta de la cantidad de gente que somos en el mundo, la cantidad de historias que existen y de personas con diferencias que debajo de todo eso son como yo. Llevan su documentación, su maleta con sus pertenencias, comen, van de la mano de sus parejas. Conocen sitios nuevos, se hacen fotos... y no entiendo por que estamos empeñados en crear tantas diferencias si todos somos de la misma carne y tenemos los mismos huesos.

viernes, 12 de septiembre de 2014

La primera norma para que esto tenga su cierto éxito es no abandonarlo... ya la he incumplido. No es que sea yo muy de incumplir las normas, he sido bastante legal en mis 27 años, pero a veces es muy difícil mantenerlo todo al día.

Nunca pensé que este viaje sería tan intenso. Sí. Sé que ha sido rápido, pero no por eso menos enriquecedor. Toni y yo llevamos cinco meses viviendo juntos. Este ha sido el principal motivo de mi 'abandono'. Hasta hace unos días no hemos tenido Internet. 

Ya estoy aquí. Sigo inmensamente feliz en mi viaje. Nos regalamos muchas cosas, muchos momentos. Cada día descubro algo nuevo, una palabra, una expresión o simplemente un silencio. Y viajamos a todas partes, desde el sofá o la cama. O simplemente paseando por nuestro barrio. 


Ahora toca seguir donde lo dejé. Recordarlo todo para contarlo. Tengo unas ganas inmensas de volver a la India y quizás de momento esa forma de volver sea esta. Han pasado seis meses desde que volvimos y cada día que pasa estoy más convencida de que tengo que volver. Por que me quede por encima. Por que me falto implicarme, hablar, tocar más.

Y no voy a quedarme con las ganas. 






Excursión a Orient - Es freu hace un par de semanas. 

martes, 1 de abril de 2014




Hoy va por ti...
Por que te elijo para todo,
por que me das más de lo que nunca imaginé. 







Contigo tengo mi película, mi film romántico particular. A pesar de que me hicieron creer que ese amor no existe, que nunca es todo perfecto, que idealizaba esos amores de pantalla.


Pues somos eso. 

Miradas que dicen tanto en silencio. 
Caricias que erizan la piel.
Besos interminables. 
Risas y silencios cómplices. 
Conversaciones maduras junto a juegos de niños.
Somos canciones y poesías. 
Y somos amor. 



Tres meses son nada para la eternidad que tenemos enfrente. Y te quiero para vivirla.



Mi vida, contigo.