Ni macetas, ni flores, ni gimnasio, ni mantener la rutina escribiendo un blog... Toda cosa, acción, reacción que suponga una rutina cierta y la cual pueda elegir, acaba por no funcionar conmigo. Por eso hace cuatro años empecé el blog y llevo tres sin escribir nada.
Pero es mío, ningún ser ficticio descifrador de recursos web le ha dado a suprimir y aquí sigue, intacto, para que en cualquier momento, como este mismo, sienta cierta inspiración y le de a las teclas.
UNO DE ENERO es el día que hemos marcado mi 'amoryconfianza' y yo como el inicio de nuestra aventura, por eso el blog lleva su nombre. Fue en 2014, hace ya más de cuatro años, o hace sólo un poco más de cuatro años. Él era mi inspiración por aquel entonces, y sigue siendo mi compañero de aventuras. La inspiración anda perdida en algún lugar de mi cerebro.
En cuatro años hemos hecho cosas que algunas parejas no llegan a hacer en decenas de años de relación.
La primera gran aventura, narrada a medias, y que voy a proponerme terminar de contar, fue viajar a India. Habrá quiénes penséis que un viaje a India definido como gran aventura es algo exagerado... y quizás si. Pero cada momento en la vida de uno mismo se define por la intensidad y el efecto que provoque. A nosotros nos dejó huella.
A las dos semanas de llegar de India, empezamos a vivir juntos. Las circunstancias y las ganas de amor que teníamos en aquellos primeros meses de relación, nos llevaron a no querer esperar.
¿Puede haber una aventura mayor que compartir hogar con tu pareja?
Sea la relación lo larga que sea. Una casa, con sus paredes, sus quehaceres, sus rutinas... es un acto valiente que creo no valoramos suficiente. Puedes vivirlo o sobrevivirlo.
Descriptivamente hablando, era un piso de casi setenta metros cuadrados, cerca del centro de Palma (llegábamos los dos al trabajo en 15 minutos paseando), y de construcción nueva. Recogimos muebles de nuestro entorno, y compramos lo que necesitamos y quisimos.
Sentimentalmente hablando, fue nuestro hogar. Nos quisimos en cada habitación vacía, y llena. Fue nuestros momento de reír y nuestros llantos... y nuestra familia. Sí. Aquel piso fue nuestra familia.
Poco más de un año y medio después de conocernos, mi 'amoryconfianza' y yo nos volvimos a enamorar. La culpa la tuvo el programa 'Vacances en Pau'. Traen a niños refugiados del desierto del Sáhara a pasar los dos meses de verano, julio y agosto.
Nuestro nuevo amor se llama Bachari y llegó a casa con miedo e ilusión, para rompernos el corazón. Nos trajo alegrías y penas, ilusión, emoción y sacrificio. Es nuestro hijo de verano, al que damos todo el cobijo que podemos y al que siempre llevamos en el alma. Tenía nueve años aquel primer verano, y ya con casi doce vino por tercera vez el pasado año.
Algún día de motivación y recuerdo, le dedicaré un post a la altura de lo que él, su familia, y su comunidad de refugiados se merece.
2017 supuso para nosotros el año de la superación, el año de darse cuenta que todo pasa, y que la fortuna estará de nuestro lado si hay amor, dedicación y una familia y amigos alrededor a los que dar muchos besos.
Mi 'amoryconfianza' dejo su trabajo tras nueve años, para adentrarse en otro mundo laboral. Satisfecho en sus primeros meses, acabó viajando a Edimburgo para probar suerte en una empresa española que le dio la oportunidad de experimentar su inteligencia, su capacidad de superación y su incansable sed de aprendizaje.
Nunca olvidaré la primera vez que cogí el autobús en aquellas hermosas calles de Edimburgo, para venirme a casa sin él... fueron dos meses, pero a mi me parecieron dos años. Echando la vista atrás, sé cuánto le quiero, pero sé mucho más cuánto más lo quise mientras estaba lejos de casa.
Deberíamos también escribir cada uno nuestra historia aquellos días, y así volver a esa emoción cada vez que necesitemos un empujón para seguir adelante. ¿Prometido?
A su vuelta nos esperaba otra sorpresa. Íbamos a disfrutar de unas vacaciones cada uno en casa de sus papis. Dos meses de vuelta al nido familiar para reponer fuerzas, y para darnos cuenta, como decía al principio, que un mueble no es más que un mueble, y un hogar no son más que cuatro paredes. Lo realmente importante es la compañía, las risas, y lo que sientas en cada momento, estés donde estés.
Ahora, vivimos otra vez juntos, esperamos con ganas que vuelva nuestro corazón saharaui y su hermana pequeña, y hace escasamente 5 días que volvimos de nuestro segundo viaje a India.
La pregunta que me hago justo al terminar de escribir estas letras es por que lo hago... por que cuento a 'la nube' los acontecimientos que me marcan, o aquello que me deja huella...
Y creo me motiva el recuerdo, la añoranza del pasado y el futuro, cuando tras meses abro otra vez el blog y releo y siento cosas tan distintas que hasta me da la risa. Así que escribo por mi, por escribirme a mi misma lo que me ocurre y aquello que movió mis tripas.
A ver si esta vez consigo vencer a la rutina y me dejo caer por mis letras más a menudo, que me relajan, enseñan y hacen olvidar el tiempo, que pasa implacable arrasando con cada momento.
A su vuelta nos esperaba otra sorpresa. Íbamos a disfrutar de unas vacaciones cada uno en casa de sus papis. Dos meses de vuelta al nido familiar para reponer fuerzas, y para darnos cuenta, como decía al principio, que un mueble no es más que un mueble, y un hogar no son más que cuatro paredes. Lo realmente importante es la compañía, las risas, y lo que sientas en cada momento, estés donde estés.
Ahora, vivimos otra vez juntos, esperamos con ganas que vuelva nuestro corazón saharaui y su hermana pequeña, y hace escasamente 5 días que volvimos de nuestro segundo viaje a India.
La pregunta que me hago justo al terminar de escribir estas letras es por que lo hago... por que cuento a 'la nube' los acontecimientos que me marcan, o aquello que me deja huella...
Y creo me motiva el recuerdo, la añoranza del pasado y el futuro, cuando tras meses abro otra vez el blog y releo y siento cosas tan distintas que hasta me da la risa. Así que escribo por mi, por escribirme a mi misma lo que me ocurre y aquello que movió mis tripas.
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| Iglesia Santa María, Cracovia. |














