martes, 18 de noviembre de 2014

Mandawa

Nuestro 'taxista personal' se llama Deepag, o Depac, que sé yo como se escribe. Es morenito oscuro tirando a negro tizón, va siempre con vaqueros y polos y lleva un reloj que parece de oro en la muñeca. Parece que no pasa hambre, que disfruta en cada punto del camino que nos paramos y sobretodo a mi, me da la sensación de que lleva en su bolsillo todo el dinero que hemos soltado en la oficina de turismo, si no todo, un fajo bastante guapo. 

Cogemos el coche en Nueva Delhi y empezamos a rodar. Recuerdo no tener muy claro a dónde íbamos. Sabía que Toni se había enterado y yo me dejaba llevar. Las carreteras en la 'gran ciudad' son asfaltadas y aunque caóticas pueden parecerse en algo a lo que tenemos aquí. Pero a medida que avanzábamos se hacían más estrechas y al entrar la noche empezábamos a no ver a nadie más circulando. 

Normalmente, los recorridos no son de menos de 4h., así que Deepag se va parando en los chiringuitos que conoce a tomarse un café, fumarse un cigarro y dependiendo de la hora del día, o mejor, siempre, beberse un whisky. 

Llueve, después de 3h. empieza a llover. Se supone que sólo nos queda una hora de camino, ¡qué bien! Pero la lluvia se vuelve más intensa, la carretera más estrecha, no hay nadie en los alrededores y no se ve más allá de un metro del coche. Empiezo a asustarme. Entre risas y no dejar de mirar hacia adelante, pasamos las siguientes horas. Nuestro querido conductor empieza a sorprendernos. Se va quedando dormido. Conduce por en medio de un campo, por un camino de gravilla, con restos de la gran lluvia de hacía un rato y se va quedando dormido por que son las doce de la noche ya... 

Toni me tranquiliza, que no va a pasar nada, que debemos estar a punto de llegar y que como se me ocurre que van a asesinarnos y a traficar con nuestros órganos en el mercado negro. Intenta hablar con Deepag para que salga de su estado de somnolencia y deje de salirse de la carretera. Poco a poco parece que da resultado. 

Cerca de la una de la mañana vemos lo que parece un pueblo y aunque me río, pienso mucho en mi casa y en qué demonios hago yo allí, en India, metida en el coche de un desconocido, después de haber soltado 400€ y alejándonos de lo más parecido a una ciudad que puede haber por allí. Pero por fin respiro. Y sonrío por que por lo menos voy a dormir en una buena cama. Al final del camino llega la recompensa.

Después de siete u ocho horas (260Km.), ni me acuerdo, en un trayecto que debería haber sido de cuatro (en India las distancia son siempre el doble de lo que os puedan decir) llegamos al Hotel. Ni me importa lo bonito que es, sólo quiero entrar y sentirme a salvo. Nos cogen la mochila, nos acompañan a la habitación y flipamos. Literalmente. 

La habitación es un mosaico al estilo las mil y una noches. Con una cama de matrimonio y un altillo con un colchón. Las paredes forradas de un mosaico de cristales de colorines... Toni está que no da crédito. Y miramos hacia la puerta y el chico que nos ha traído las mochilas sigue ahí, esperando. Gracias a que no hablamos bien inglés no entendemos nada y se va. A los pocos segundos caigo en la cuenta, quería una propina!! Pero la habitación nos tiene anonadados, mejor dicho, tiene a Toni anonadado. A mi, ni fu ni fa, tanto color y tanto cristalito me parece hasta hortera. Yo solo quiero dormir, abrazada a él, tranquila, después del viajecito que hemos pasado es lo que más deseo. 

Esa noche dormimos poco.

Y a la mañana siguiente me doy uno de los mayores sustos de mi vida. Empiezo a escuchar unos gritos, entre cantos y lamentos, de la calle, pero que parecen justo al lado de las ventanas de la habitación. Son dos voces de hombre, que alargan el eco como llorando y lamentando algo en forma de canto... me quedo paralizada, pensando en lo peor y Toni duerme como un tronco y no le quiero despertar. Por favor que pare ya. Por favor que pare ya. Y otra vez, hasta seis o siete veces. 

No recuero que paso luego. Me dormí. Y cuando nos volvimos a despertar y se lo conté todo, me cuenta que en India hay muchos musulmanes y que probablemente estarían rezando. ¡Cuántas veces me dijiste que leyera un poco la historia de India en la guía!




Las adevertencias en la guía sobre Mandawa son muy claras. Los jóvenes son muy inteligentes, saben varios idiomas e intentarán haceros de guías improvisados para llevarse unas rupias como propina. Y eso pasó. Salimos a pasear. Es un pueblo muy pequeñito, con calles anchas llenas de tiendecitas, negocios de alimentación y bebidas y gente por la calle. Es bonito. Todas las casas están muy ornamentadas con pinturas de colores que representan escenas varias, puertas y ventanas grandes de madera...

A los dos minutos de salir del hotel tenemos a dos chicos alrededor nuestra. Saben algo de italiano y español. Hablan perfectamente inglés... nos llevan por las calles con las casas mejor pintadas, nos cuentan la historia del pueblo, y sobretodo nos preguntan a donde vamos, de donde venimos, cuales son nuestros trabajos, cuantos tiempo llevamos allí... yo me mantengo en un segundo plano y Toni se muestra amable y encantado, como es él, educado y correcto siempre. Una de las cosas por las que le quiero tanto. Incluso nos llevan a la casa de uno de ellos, dónde sus padres tejen telas, preciosas, me las habría comprado todas, pero sólo llevo una mochila, nos quedan muchos días de viaje y nos piden por las telas 15€. Así que muy agradecida, acabo comprando un lote de 10 postales con la intención de mandarlas a la familia y amigos por 300RP~3,8€. Al acabar, y forzando un poco a que nos dejen a nuestro aire un rato, uno de ellos saca del bolsillo varias monedas de euro y algún que otro país y nos dice que colecciona monedas de que si podemos darle un euro. Incluso parece asomarse a la cartera de Toni para inspeccionar lo que lleva. Yo intento que sean sólo 50cnt. pero al final le damos el euro. Durante el camino habíamos pensado darles 35, 40RP  para que se las repartieran entre los dos. La bromita del euros hace que se embolsen 80RP.

Y me acordé de un amigo que me dijo: Acabarás peleándote por varias rupias.
Y es que aunque aquí es sólo un euro, en aquel momento me pareció la forma más tonta de engañarnos.

Eso me costó mi primera rabieta.




domingo, 5 de octubre de 2014

Nueva Delhi. O te atrapa o no quieres volver.

Bajando del avión nos encontramos el primer encantador jovencito que adora su país preguntándonos de donde venimos, a donde vamos, que pensamos hacer, que pensamos visitar y todo lo que se le ocurría preguntar. 
Así son. Cotillas, encantadores, dispuestos a ayudarte, la mayoría de veces para que les obsequies con algo, otras en cambio por el simple hecho de haber entablado conversación con alguien que viene de tan lejos.
Me dió la sensación de que es un aeropuerto muy grande y al que llega mucha gente (dicen que hay unos 23 millones de habitantes), y me sentía bien. Hasta que quedaban las últimas maletas y la mía sin llegar. Ya lo tenía claro: No pasa nada, al llegar te compras cuatro pantalones, cuatro prendas de ropa interior y a disfrutar 'this is India!' Aunque sentía una tranquilida bastante relativa. Pero apareció. Viva y coleando, con todas sus correas cerradas y todo lo que tenía que venir en su interior.

Y a la calle. Cuando se abren las puertas delante tuya ya sientes la contaminación. Notas un olor difícil de explicar como amargo y ácido, como pesado, que te llega a la garganta y te hace tragar a ver si se te pasa. Es embriagador. 

Los trabajadores del hotel se ofrecieron a venir a buscarnos, (por un módico precio de 600 rupias~7 euros). Tardamos unos 20 minutos en llegar. Al volver hicimos el mismo trayecto por la mitad de precio.

Primera aventura del día. Una furgoneta, decorada de lo más indi, con dos jovencitos que circulaba a tope, ¡a tope! Entre personas, coches, motos, una señora mayor que sigue viva por que no se que dios quiso ya que el coche pasó a 5 cm. de ella, sin miramientos, sin frenar... la furgoneta de dudosa capacidad para correr tanto y Toni y yo anonadados en su interior. Yo disfrutaba, tenía claro que no íbamos a tener un accidente nada más llegar, habría sido de titular. Toni en cambio mantenía un miedo interior a tanta velocidad y tanto obtáculo que sobrepasar sin chocar. Me lo pasé pipa. 


Llegamos al Hotel Amax Inn, situado en el barrio de Paharganj, uno de los más pobres de Delhi. Entre callejones sin asfaltar, jamás lo habrímos encontrado con un mapa. No hace falta que os llevéis un mapa a Nueva Delhi. Es una ciudad de caos, con calles principales abarrotadas de coches y calles más tranquilas y de gravilla, con cambios de sentidos, giros y sin lógica aparente, todas llenas de gente, perros, niños, puestos ambulantes (carros de madera con la merancía encima), sitios donde comer, tiendas en las que encontrar de todo y mucha gente. Eran las 8 de la mañana y no podíamos entrar en la habitación hasta las 10 (al principio era a las 12 pero charlando conseguimos que cedieran). 
Así que decidimos ir a dar un paseo. Pasear por Paharganj a las 8 de la mañana un lunes después de todo un viaje fue la primera toma de realidad de India. Nos encontramos con la madre con su niño desnudo en brazos pidiendo dinero (siempre a Toni, a las mujeres nos dejan tranquilas), agarrándose a su brazo siguiendo sus pasos, descalza y sucia. Y unas calles más arriba, un coche lleno de niñas con uniforme de colegio, bien peinadas, con zapatos y felices saludándonos con toda la ilusión del mundo por que han visto a dos chicos de muy lejos que les han dicho 'adiós'. '¡This is India!' 


Al llegar a la habitación topé con mi cara en un espejo y vi mi ganglio. Tenía como un flemón en la parte alta de la garganta, enorme, y que iba creciendo por momentos. No me arrepiento de haber cargado la maleta con medicinas. ¡Nunca he tomado tanto inflamatorio y calmante en la vida! Estaba asustada, quería dormir. Me tomé un ibuprofeno y me acosté deseando que al levantarme mi cara volviera a su sitio. Dormimos un poco. Al desperar Toni se fue a dar una vuelta solo. Espero que algún día cuente en su blog, De mochila por cabeza, todo lo que sintió ese ratito que paseó por Nueva Delhi, por que vale la pena. Yo me quede en la cama. Pasé dos días tomando paracetamol e ibuprofeno cada cuatro horas. Cuando me hacían efecto las pastillas estaba bien. Cuando llegaba el momento de tomar la siguiente dosis me dolía y me pinchaba. Pensaba en cómo serían los hospitales y en que pasaría si no bajaba la inflamación.

Por la tarde, decidí salir de mi aletargo y salir a la calle. El primer trayecto en rickshaw, fue una timada. Hicimos un recorrido que se hace en diez minutos andando, para llegar a Connaught Place, la plaza 'rica' de Nueva Delhi. Había humedad, hacía calor, pero fresquito y se puso a llover. Una lluvia intensa que duró 15 minutos y luego otra vez sol. Acabamos en un McDonals. Si. Comí hamburguesa de algo que se parecía al tofu, muy vegetal como de color verde que no me gusto nada.
Aquí puedes encontrar las tiendas más caras. Rolex, Adidas, Nike, Vodafone... todo el comercio caro, y a precios altos. Familias indias al completo bien acicaladas, con zapatos, peinados, bolsos caros y dos o tres niños bien vestiditos se pasean entre tiendas de alto estánding y puestos de 'mercadillo' y personas sin techo.


La cena nos la tomamos en el propio hotel, en su azotea. Algo como una terraza con uralita y vistas a las otras terrazas de los otros edificios colocados sin ton ni son. Hacía fresco. Estábamos solos y el camarero quiso hacerse una foto con nosotros. Y Toni una foto con él. Muy amable y discreto pero curioso. La segunda comida en un día que no me gustó. Un sandwich de pimiento y cebollas crudos, picante a pesar de haber especificado 'not spicy'. El otro plato lo pidió Toni. Verduras rebozadas picantes también. Ni las probé. Sólo el olor me decía: No comas! Empezaba mi dieta fácil. Lo que si me gustó fueron las cervezas. Allí está prohibido beber alcohol, pero en todos los hoteles si pides discretamente una, te la traen a hurtadillas y te la meten en el precio de la habitación. Es marca Kingfisher y nos costaron las dos 600rp ~ 7'7€!! Las pagas a precio de oro, pero bien agusto. Cena, paseo por Nueva Delhi de noche y a dormir. 

Al día siguiente y siguiendo con mi dopaje de ibuprofenos y paracetamoles (acabé con todo lo que llevábamos en 4 días), hicimos turismo. Vimos el Fuerte Rojo, paseamos por otra zona de caos y tráfico, comimos más comida olorosamente mala y acabamos en la estación para conseguir los billetes que teníamos intención de comprar para cubrir algunas de las primeras ciudades que queríamos ver. 


Todo lo que habíamos pensando para nuestra ruta por el norte de India, a partir de este momento cambió. Queríamos coger trenes para ver unas siete ciudades principales. Teníamos dos billetes para el primer trayecto en tren hacia Bikaner, que duraba unas 12h. Pero mi ganglio, que seguía su crecimiento libremente y me tenía bastante asustada (empezaba a dudar de poder pasar toda una noche metida en un vagón de tren sin una almohada cómoda o algo donde apoyarme y poder dormir), una estación de tren que se encargó de hacernos pisar directamente la realidad de India (miles de personas entrando y saliendo de la estación con poca información y gente dispuesta a llevarte a donde ellos quieren, por el precio que ellos quieren), hicieron que todo cambiara. 

Además, pasear por India como occidentales con un chico guapo y con sus brazos llenos de tatuajes no es tarea fácil. Cada tres minutos un indio amable le paraba para saludarle, para mirarle los tatus y decirle 'nice tatu!' y si colaba para hacerse una foto con nosotros. Una vez, si. Dos veces, si. Tres veces, si. A la décima vez empiezas a agobiarte.

Y caímos. 

Después de vivir el momento de mayor agobio del viaje (sólo llevábamos un día y medio en India) volvimos a la famosa y poblada de gente rica Connaught Place para relajarnos tumbaditos en el césped. Ilusos nosotros que pensamos que a los ricos no les interesan los tatus o los españoles con la billetera llena.

En la Guía de India que nos ayudó muchísimo fue de donde sacamos toda la información que necesitas para viajar a este país, leímos en los apartados principales 'consejos' en la parte de Nueva Delhi:
Pero apareció un tipo servicial, joven, que nos contó que era estudiante y que le gustaba mucho viajar, bla bla bla... hasta que nos acompañó a una oficina de turismo para que planearamos nuestro viaje de la mejor forma posible con comodidad y a precios estupendos. 
Le dimos a un tipo llamado Deepag, unas 40.000rp ~ 500€ (250€ cada uno) para que fuera nuestro conductor privado y nos llevara a cubrir toda la ruta del Rajastán hasta Agra, incluyendo la entrada al Taj Mahal (las primeras dos semanas de viaje). A pesar de que parezca una barbaridad, el primer precio que nos ofrecieron fueron 700€ cada uno por un viaje en hoteles de lujo con piscinas, habitaciones de ensueño y desayunos incluidos.... tuve que decirle, con el inglés que humanamente pude: 
- No soy rica en mi país. Tengo un trabajo honrado y me he venido a India con todos mis ahorros que no llegan ni por asomo a la cifra que me está pidiendo. 
Así que nos quedamos con el paquete 'humilde' de 250€. 

Hoy sé que fue un error. Sé que hacer tal desembolso cambió mi viaje, cambió mi visión de la población, mi humor y mi carácter frente a ellos. Sé que hizo que no me involucrara, que me quedará por encima de todo sin querer entrar en su realidad, por que realmente, yo también me quedaba sin dinero y tan lejos de casa no creía poder acceder a más de forma fácil. Pero de todo se aprende y de otra forma, disfrutamos. De lo bueno y lo malo de llevar un chófer. Y al final nos quedó una semana de India real. Esa a la que volveré, sin simpáticos estudiantes que nos embauquen. 

El lunes día 10 de marzo a las siete de la tarde, nuestro día dos en India, cogimos un coche privado con chófer que nos llevaría a Mandawa. Continúa la aventura.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

Palma - Barcelona - Estambul

Dos o tres días antes de partir recuerdo haber estado nerviosa, no solía estar nerviosa nunca, pero hace unos años que mi estómago y mi garganta parece que se ponen de acuerdo para molestarme un poco.

Sábado 8 de marzo, mi madre nos deja en el aeropuerto de Palma después de las despedidas en casa, abrazos, besos... cogemos el primer avión Palma - Barcelona.

En Barcelona pasamos la noche, cinco horitas en unas sillas incomodísimas que se hacen eternas. No estaría mal que por el precio que pagamos por los billetes de avión en general, hagan un poquito más cómodas las instalaciones de los aeropuertos. 


Recuerdo que nos reímos mucho. Intentamos colocarnos de la forma más cómoda, nos quitamos los zapatos, usamos las mochilas para los pies y pusimos la cabeza en el hombro del otro, por turnos. Dormir, entretenerse en algo, dormir, entretenerse en algo, dormir, entretenerse en algo... 




Escribo las primeras líneas del diario. Nada interesante, ha sido un fracaso eso de escribir un diario, con la de cosas que tenía que ver, oír, conocer... como para ponerme a escribir. No encontré ni el tiempo, ni las ganas. 



Así hasta las cinco de la mañana que nos pusimos en marcha. A por el segundo avión. Barcelona - Estambul. 
Comida del vuelo Barcelona - Estambul
Puerta de embarque Aeropuerto de
Estambul
Tres horas y media de vuelo, tranquilas, yo dormí un poco, como en todos los vuelos. Toni se entretuvo como pudo (diario de viaje, ipod, ebook...). Y desayunamos, o más bien, comimos. Es una de las cosas que más me han gustado de los vuelos. Una bandejita bien ordenada, con su mini ensalada, su plato principal, un postre, agua, un panecillo, los cubiertos y el aliño. 

Aterrizamos en Estambul entre las 10 y las 11 de la mañana, con el cambio horario, y vamos directos a por el visado para poder entrar a la ciudad. Es válido durante dos meses y se hace directamente en el aeropuerto, previo pago de 15€, claro. Con el visado en mano, hacia el control de pasaportes. Observo que la gente va más o menos abrigada, en cambio nosotros solo llevamos una sudadera. Observo también mujeres con burka. Me sorprende, me abruma, me cuesta pensar que hoy en día sigan permitiendo que las mujeres esten sometidas de esa forma al hombre, por el motivo que sea, me da igual. Es algo que me horroriza. Claro que hay muchas cosas que me horrorizan y que seguimos permitiendo que ocurran...

Cambiamos unos cuantos euros por liras turcas y a la calle.

Mezquita Azúl
Lugar para limpiarse los pies antes de
entrar a rezar en Santa Sofía

Primero un metro hasta el centro. Luego un tranvía hasta la zona donde queremos ir, cuarenta minutos de viaje, Estambul se me hace enorme. Me gusta lo que veo, me recuerda a Oviedo, edificios de colores oscuros, no muy altos y muy diferentes entre sí. Llegamos a la zona donde están Santa Sofía y la Mezquita Azul. Hace un frío tremendo, pero a pesar de ello intentamos pasear un poco aunque mis manos no aguantan ni diez minutos en su color normal. No encontramos la entrada a Santa Sofía. Por lo visto es hora de rezos y no se puede acceder. El frío hace que tengamos que entrar en una cafetería donde Toni prueba el café turco. Oscuro, con posos en el fondo y fuerte. Yo me tomo una infusión de te verde que no me gusta y acaba bebiéndose él. Ahora sé que todo el viaje será más o menos así. Pedir comida que acabará comiendo él. 

Intentamos comernos un kebab, ¿no se supone que es lo típico de Estambul? Pues bien, entramos en el sitio más caro y más turístico de la calle principal, justo al lado del tranvía. Primer robo, timada, llamemosle error del viaje. Gastamos unos 40 euros en comer, lechugas con salsas moradas, pan fino y trozos de pollo en salsa. ¡¡No nos bastan las liras que cambiamos!! Toni tiene que salir en busca de una oficina de cambio para poder pagar la comida!!!!!! Pero como nos vamos a la India, y allí hay que tener paciencia, nos lo tomamos con humor, pagamos nuestros platos y salimos en busca del refugio del aeropuerto. Mis manos no pueden soportar el frío.

Ahora sí. Buscamos la puerta de embarque que nos llevará a Nueva Delhi. Parece que ahora se embarca por letras. La A y la B primero. La C y la D después. Un aeropuerto con zonas de embarque de lujo. Moquetas en el suelo, puertas divisorias de cristal. 

Está claro que desde que he salido de casa no he dejado de observar y sorprenderme. Y sólo llevo un día fuera.

Cuando subo al avión me entusiasma ver tantos asientos. Una fila central de cuatro butacas, y una fila pegada a cada lado con tres filas de butacas más. Además divididas por zonas. Primera clase, segunda clase, clase normal (no creo que se las conozca así, pero ya me entendéis). ¿Cuántas personas podemos ir dentro del avión? Seguro que cerca de 800... Nos toca una butaca en la primera fila de una de las grandes salas. Bien, puedo estirar las piernas a mi antojo y el plato de comida me llegará primero. Además, del reposabrazos se extiende una pantalla táctil con juegos, películas, mapa del viaje y unas cuantas cosas más para que el viaje sea de lo más ameno. Aunque como diría Toni, para que lo quiero si seguro que me duermo. 

Al pasar un par de horas de vuelo, tranquilo y sin movimiento alguno, empiezo a notar cierto pinchazo en la zona de los ganglios en el cuello detrás de la garganta. No me imagino que mis ganglios van a tomar vida y voy a pasar mis dos primeros días en India asustada y dopandome con Ibuprofeno y paracetamol. 
Fin del vuelo.
Esperando para salir a Nueva Delhi

Me siento como una niña con zapatos nuevos. Todo me gusta, todo me sorprende y me doy cuenta de que por muy sofisticada que piense que soy, hay miles de cosas en el mundo que me sorprenderían y de las cuales no tengo ni idea de que existen. Es como descubrir una cosa nueva cada cinco minutos. Y me doy cuenta de la cantidad de gente que somos en el mundo, la cantidad de historias que existen y de personas con diferencias que debajo de todo eso son como yo. Llevan su documentación, su maleta con sus pertenencias, comen, van de la mano de sus parejas. Conocen sitios nuevos, se hacen fotos... y no entiendo por que estamos empeñados en crear tantas diferencias si todos somos de la misma carne y tenemos los mismos huesos.

viernes, 12 de septiembre de 2014

La primera norma para que esto tenga su cierto éxito es no abandonarlo... ya la he incumplido. No es que sea yo muy de incumplir las normas, he sido bastante legal en mis 27 años, pero a veces es muy difícil mantenerlo todo al día.

Nunca pensé que este viaje sería tan intenso. Sí. Sé que ha sido rápido, pero no por eso menos enriquecedor. Toni y yo llevamos cinco meses viviendo juntos. Este ha sido el principal motivo de mi 'abandono'. Hasta hace unos días no hemos tenido Internet. 

Ya estoy aquí. Sigo inmensamente feliz en mi viaje. Nos regalamos muchas cosas, muchos momentos. Cada día descubro algo nuevo, una palabra, una expresión o simplemente un silencio. Y viajamos a todas partes, desde el sofá o la cama. O simplemente paseando por nuestro barrio. 


Ahora toca seguir donde lo dejé. Recordarlo todo para contarlo. Tengo unas ganas inmensas de volver a la India y quizás de momento esa forma de volver sea esta. Han pasado seis meses desde que volvimos y cada día que pasa estoy más convencida de que tengo que volver. Por que me quede por encima. Por que me falto implicarme, hablar, tocar más.

Y no voy a quedarme con las ganas. 






Excursión a Orient - Es freu hace un par de semanas. 

martes, 1 de abril de 2014




Hoy va por ti...
Por que te elijo para todo,
por que me das más de lo que nunca imaginé. 







Contigo tengo mi película, mi film romántico particular. A pesar de que me hicieron creer que ese amor no existe, que nunca es todo perfecto, que idealizaba esos amores de pantalla.


Pues somos eso. 

Miradas que dicen tanto en silencio. 
Caricias que erizan la piel.
Besos interminables. 
Risas y silencios cómplices. 
Conversaciones maduras junto a juegos de niños.
Somos canciones y poesías. 
Y somos amor. 



Tres meses son nada para la eternidad que tenemos enfrente. Y te quiero para vivirla.



Mi vida, contigo.

sábado, 29 de marzo de 2014

En casa

Contaminada ya por nuestro mundo, pienso en todo lo vivido y sonrío. Buena señal. Allí no siempre tuve esa sonrisa, incluso muchas veces quise volver. 

Ya estoy en casa, en mi cama. Demasiado vacía, por cierto. He visto a mis familiares y a mi perrita Luna, creo que es en la que más he pensado. Allí los perros viven en la calle, comen basura y conviven con vacas, cabras, incluso camellos o elefantes y aún así tienen energía para jugar, correr y venir a pedirte alguna que otra caricia.
Exactamente igual que las personas.

Siento que lo que siento es un caos, un vaivén de sensaciones ordenadas relativamente. 
Siento alegría de haber vivido lo que he vivido, por que me enriquece, por que es vida, por que está ya grabado en mi. 
Siento una sensación de tristeza por que he vuelto, volver es rutina. 
Y siento que todo sigue igual, que el mundo no cambia, que todo gira en el mismo sentido y que todo se mantiene estable. 

Todo lo que pueda decir, contar, escribir o intentar transmitir acerca de la India se queda en nada. Nada de lo que diga va a ser suficiente. Nada va a expresar exactamente como huele, como se ven las cosas, como se vive, como se habla, como se mira a los ojos o como se pide una limosna o se intenta engañar al turista (que seguro que lleva el bolsillo lleno de billetes). 

Aún así lo voy a intentar. Por que vale la pena y recomiendo a todo el mundo ir. Dos semanitas bastan. Por que es algo único y todas las cosas únicas de la vida merecen que las vivamos. 

India es un país de contraste. De lo más rico del mundo, a lo más pobre. En una sola ciudad. En unos pocos kilómetros. Y la mayoría viven felices con lo que les ha tocado, y se alegran de verte y son amables contigo y te ayudan. Podrían enseñarnos tantas cosas que abruma. 

Yo espero haber absorbido el máximo, que mi vida tenga más sentido aún si cabe, que mi felicidad sea más completa aún si cabe, y que en mi futuro mis hijos crezcan valorando cada pequeño gesto, saludo, sonrisa y momento feliz, tengan lo que tengan, vivan donde vivan y sean lo que sean. 

Por que eso es India.








viernes, 7 de marzo de 2014

Nos vamos

Empecé este blog hablando de mi gran aventura, dos viajes. En uno llevo viajando dos meses, los mejores meses de mi vida, y sólo una mínimísima parte del camino. El otro empieza ya. 



Es siete de marzo. Todos solemos tener un número. Si tuviera que elegir sería el siete. También tu elegirías el siete. Siete veces siete son los años que pienso estar como mínimo a tu lado. Siete días a la semana pienso decirte lo mucho que te quiero, sin hablar, no me hace falta. Y siete mil veces al día sonrío pensando en ti. 



Nos vamos. Y siento unos nervios raros, ocultos bajo mi piel, que solo cuando estoy contigo se calman. Por que tu me calmas, y por que contigo nada puede ir mal. 

La mochila está cargada por todo lo que aconsejan que hay que llevar. ¿Me he pasado? Pienso mil veces al día. ¿Faltará algo? Pienso otras mil. 

Llevo la medicación. Llevo lo mínimo necesario para el aseo, incluida una toalla. Llevo un mini saco de dormir que me encanta y me ha dejado una de mis mejores amigas (Clara, siempre estás ahí, gracias). Llevo 1 pantalón, 4 camisetas, 7 braguitas, 1 sujetador, 5 pares de calcetines. Más la muda puesta. Algunas chocolatinas, unos pocos lotes de lápices de colores y una carpeta con toda la documentación. Una bolsa de tela de cuerdas, de lo más cómodo para todos los días y la riñonera, imprescindible para guardar lo más valioso, el dinero. Mi 'amoryconfianza' lleva prácticamente lo mismo. Además de una cámara a estrenar que será nuestro juguetito principal, un ipod cargadísimo de música y el valiosísimo ebook, cargado también de buenas lecturas, otro de los imprescindibles para un viaje a la India.




Mochila y bolsa de diario, riñonera y ropa.

Bolsa de aseo, medicación, crema para el sol... 

















Tenemos la primera noche de hostal en Nueva Delhi, y el primer billete de tren nocturno que une Nueva Delhi con Bikaner. Tenemos miles de consejos que nos van a venir de perlas, compañeros de trabajo, amigos... todos tenemos a alguien que ha viajado a la India, aunque a mi madre le parezca el destino más raro del mundo. 


Y tenemos unas ganas inmensas de llegar, de sentir ese olor que dicen que te pega en la cara y que marca un antes y un después, de ver esa cantidad de gente que abarrota Nueva Delhi y que está esperando ansiosa para sacar hasta la última rupia de tu bolsillo. Y de miles de cosas más que espero ver, disfrutar, sentir y grabar en mi memoria para siempre.



Y a partir de ahora este será mi blog.









Un diario de viaje en blanco en el que describir cada sensación, momento, lugar mágico y todo lo que pase por mi cabeza loca. A la vuelta, prometo contar todo...





o casi todo.


P.d.: Vero, muchas gracias por cederme tu mochila. Sé que la llevaste en una experiencia vital para ti, que sufriste y te superaste día a día con ella. Yo voy a hacer lo mismo, y te la voy a traer cargada de mi propia experiencia vital. Quiero que nos una, como un cordón entre cuñadas que hará que siempre tengamos algo que compartir. 
Gracias!



¡¡Namaste!!


miércoles, 19 de febrero de 2014

Un día más, ya es un día menos.

Recuerdo perfectamente mi primera cita con Toni, mi amor y confianza. Fuimos a uno de mis bares preferidos en Palma, era principios de diciembre. Aquel primer día ya me dijo que tenía que irme con él a la India. Un mes después, ya como pareja recién estrenada, compraba mi billete. 




Después de aclarar el tema de las vacunas y las precauciones básicas sanitarias que hay que tener en cuenta al viajar a países como la India, el siguiente paso es ponérselas. 

A día de hoy los laboratorios de este país (en mi opinión uno de los diablos disfrazados que tenemos en el mundo), no fabrican vacunas de fiebre tifoidea, hepatitis a... y alguna que otra que seguro que tampoco. Quiero decir con esto que no es fácil conseguirlas, hay que tirar de stock en las farmacias preguntando por varias a ver si hay suerte y les queda 'algo'. Gracias a que estuve un año trabajando en ocho farmacias diferentes, no tuve muchas dudas de que en una u otra tendrían. Y así fue. Dos inyectables de Hepatitis A y una inyectable y una oral de fiebre tifoidea, en tres farmacias diferentes. Por curiosidad os diré que las cuatro vacunas han salido por 85€. Hay que ponérselas en el Centro Ambulatorio que corresponda, ya que las apuntan en el historial médico, y mientras tienen que guardarse en el frigorífico. 

Tengo que decir que en ConMochila hemos encontrado la información necesaria para preparar las cosas. Hoy en día se puede tener previsto casi todo, gracias a gente como los autores de Con Mochila que comparten sus experiencias para que personas como yo puedan viajar un poco más tranquilas.


Toni ultimando los detalles de los impresos
Impresos preparados para enviar
Visados

El siguiente paso han sido los visados. Para formalizarlos es tan sencillo como imprimir los impresos junto al pasaporte y dos fotos de carné, pagar las tasas (unos 90€ por persona) y mandarlas por Seur (aquí en Palma es la única empresa que los gestiona). La duración del visado de turista es de seis meses desde el día que lo aceptan.

Y el último paso recomendable es contratar un seguro de viaje. Nosotros lo hemos contratado en IATI Seguros de viaje, aunque hay varias opciones. Han sido 139€ para los dos, 22 días, con las coberturas más importantes (médico, accidente, robo, repatriación...).

Con todo esto, el botiquín, doble medicación (una en cada mochila), copias dobles de todos los documentos (una en cada mochila), copias dobles de los billetes (una en cada mochila), un libro, un diario de viaje, poca ropa, y muchas ganas de vivir una aventura inolvidable, podemos coger el avión.

Para llegar a India: Palma- Barcelona - Estambul - Nueva Delhi. 
Salimos un sábado por la noche hacia Barcelona, esperamos en el aeropuerto hasta el vuelo a Estambul que sale por la mañana temprano del domingo. Una vez allí tenemos todo el día para ver la ciudad ya que hasta por la noche no sale el siguiente vuelo hacia Indira Gandhi International Airport. El lunes por la mañana temprano llegamos a Nueva Delhi.

Ruta prevista

Nueva Delhi - Bikaner - Jaisalmer - Jodhpur - Udaipur - Ajmer - Jaipur - Agra - Varanassi - Nueva Delhi.


Esta es la ruta que tenemos prevista hacer una vez estemos allí. En cada una de las ciudades estamos entre uno y dos días, excepto en Varanassi que estaremos tres y en Delhi, que al llegar estamos dos y al volver otros dos. Mi 'amoryconfianza' es quién se encarga de todo este tema. Yo, me dejo llevar. 





Ahora empiezo a estar nerviosa. Ahora pienso que me tengo que llevar en esa mochila, que tengo que dejar por que no es imprescindible y que no puede faltar. Ahora me veo allí, detrás de mi 'amoryconfianza' dejandole hacer, guiándome, tranquilizándome en cada etapa, en cada momento de estrés, y a mi lado leyendo o escribiendo en cada momento de paz y de vida. 

Es 19 de febrero, son las 15.30h del mediodía, quedan 17 días para coger el primer avión. 

Soy feliz. 

Tengo mucho respeto al lugar a donde viajo.

Tengo muchas ganas de partir, y de volver.

Cada día me siento más enamorada.

Cada ratito que pasa confío más en la persona que llevaré al lado.

Soy muy feliz.

lunes, 10 de febrero de 2014

En que día mi vida se convirtió en un sueño

Los que me conocéis bien sabréis que muchos ratitos de las cosas que me pasan las asocio con una serie de televisión que me tuvo loca. 

Hace poco más de un mes que me acuerdo mucho de Rita, mi querida Rita en París con el hombre que llevaba queriendo un tiempito bueno con toda su alma, pidiéndole matrimonio y su voz interior preguntándole:
- ¿En que día mi vida se convirtió en un sueño?.

Esa es mi pregunta. Y el día exacto no sabría decirlo, pero sí que me levanto todos los días pensando en la sonrisa que hace ese sueño real. 

Mi 'amoryconfianza' y yo

A él le digo que lo adoro, que no necesito más, ni menos. Que justo así es todo lo que había soñado y justo así quiero pasar hoy y mañana, y pasado mañana y así sucesivamente... 

Y callo ya, callo por que lo bueno despacito sabe mejor. Y callo por que, una vez más, quién me conoce bien, sabe que podría pasarme la noche entera escribiendo lo que este hombre me hace sentir y prefiero que el mundo me llame loca despacito, por que sabe mejor.

martes, 28 de enero de 2014

La salud también viaja!

Hace dos años me diagnosticaron unos anticuerpos en la sangre que pueden llegar a provocar daños en mis órganos importantes. Me encuentro entre tres enfermedades prácticamente iguales, con signos y síntomas parecidos: Artritis en los huesos, una pequeña falta de movilidad en articulaciones (casi imperceptible a día de hoy), un fenómeno en los pequeños vasos sanguíneos de pies y manos conocido como Raynoud que hace que con los cambios bruscos de bajas temperaturas mis dedos se vuelvan blancos (deja de circular la sangre) recuperándose dándoles calor, rojeces en las mejillas, y lo más importante, mis defensas tienen que estar a niveles más bajos de lo normal para que los anticuerpos citados anteriormente no hagan de las suyas y estén dormidos. 

El diagnóstico final de esta enfermedad autoinmune podría ser lupus, esclerodermia o enfermedad mixta del tejido conectivo. Es lo mismo, el tratamiento es el mismo y los posibles daños son los mismos. 

Dicho así suena horrible. La realidad es que no tengo ningún dolor de artritis, con cremita en la cara y un poco de maquillaje estoy estupenda, las manos manteniéndolas calentitas están en perfecto estado, y mis analíticas son prácticamente normales, o lo que es lo mismo, hago vida totalmente normal.

Mis pastillitas
¿Cómo se consigue esto? Al principio tuve que tomar un poquito de corticoides, hoy me tomo una pastilla por la mañana para la artritis 'dolquine (hidroxicloroquina)' y una por la noche para dilatar las arterias y los vasos sanguíneos de las manos 'adalat (nifedipino)'. Además los lunes me tomo tres comprimidos de 'metotrexato' para mantener las defensas bajas en enfermedades autoinmunes y alguna que otra vitamina de vez en cuando.

¿Cómo lo llevo? Genial. Mi vida es maravillosa, soy una persona afortunada, tengo una familia estupenda, unas amigas a las que adoro y que me adoran y para rematar la felicidad tengo la pareja que siempre soñé. No tengo derecho a llevarlo mal. 

- Vete tranquilamente, haz muchas fotos y disfruta. Ah! Dile a tu madre que te doy mi total consentimiento!! Estas son las palabras que me dijo mi doctora cuando la llamé para preguntarle si podía irme tres semanas de mochilera a la India. Es reumatóloga de Son Llàtzer y el único pero que me puso fue: Que las vacunas sean intramusculares (al ser virus vivos puede haber contactos no deseados en el organismo), toma antipalúdicos para la malaria y ponte mucho repelente para los mosquitos. 

Con todo esto, ayer estuve en la consulta del Centro Sanidad Exterior a la que hay que acudir para que te informen del estado actual del país en cuanto a enfermedades, vacunas y medicaciones recomendadas a día de hoy. Hay que pedir hora y rellenar un pequeño formulario con información relativa al viaje que vas a realizar, itinerario, días, mediaciones que tomas, etc.

Una vez en la consulta lo primero que me da la doctora que me atiende es este librito abierto por las páginas con toda la información relativa a alimentación y agua. Pelar la fruta, comida cocinada al momento, agua envasada, infusiones, cafés, refrescos en lata... 

Lo segundo es una hoja con la lista de vacunas susceptibles de ser prescritas según cada caso.

Mi caso: totalmente normal. Sí, si... mi condición de inmunodeprimida no influye nada en sus decisiones, yo que iba asustada de la cantidad de vacunas que me tendría que poner... y resulta que mi 'amoryconfianza' y yo debemos hacer lo mismo, yendo con un poco más de cuidado en la higiene y la alimentación. ¡¡Qué alegría!! Odio los pinchazos......

De la lista de vacunas que me planta delante, fiebre amarilla, cólera (oral), fiebre tifoidea (oral o inyectable), rabia, hepatitis A, hepatitis B, polio, meningitis meningocócica, difteria-tétanos, encefalitis centro-europea y encefalitis japonesa, sólo hace caso a cuatro:
  • Fiebre tifoidea, una dosis.
  • Hepatitis A, una dosis.
  • Hepatitis B y Difteria-tétanos la tenemos los menores de 30-31 años del colegio por lo que no es necesario ponerla.
  • En cuanto a la polio, hoy en día en India está erradicada habiendo un riesgo mínimo de contraer la enfermedad. En algunos de los países con los que hace frontera India sigue habiendo riesgo pero por mi itinerario no hay peligro.
A parte de las vacunas, está el problema de la malaria y el dengue, transmitidas por los mosquitos (parecidos al mosquito tigre que conocemos aquí). Para esto, he leído por todo que se suele tomar una medicación llamada 'Malarone' que es un antipalúdico (paludismo o malaria)  y que mi propia doctora me puso la condición de tomármelos. En la consulta me encuentro con un mapa de India con las zonas en las que existe riesgo de malaria actualmente y en las que no. Para mi itinerario no hay riesgo, por lo que la recomendación de la doctora es que no tome nada. Eso si, subraya que la protección contra la picadura del mosquito es la primera línea de defensa ante estas enfermedades. 
  1. La ropa, de algodón holgada, manga larga, pantalón largo, calcetines y colores suaves, ni chillones ni oscuros.
  2. Los repelentes, tiene que llevar entre un 30 y un 50% de DEET. Marcas como Goibi o Relec son las mejores.
  3. El alojamiento, bien construido y conservado, si puede ser con telas metálicas en puertas y ventanas y si no cerrarlas por la noche. Con aire acondicionado o ventiladores que hay que dejar encendidos durante la noche.
  4. Dormir con mosquitera, que incluso puede estar impregnada en insecticida (permetrina o deltametrina).
  5. Los insecticidas.
Conclusión: dos vacunas y precauciones básicas y fáciles. 

Salgo feliz de la consulta con ganas de pincharme (por primera vez en 26 años) y con un paso más avanzado en el camino.

Mi 'amoryconfianza' y yo tenemos 39 días con sus noches y sus momentos mágicos para respirar, sentir y entusiasmarnos un poco más, si cabe.

Namaste!